
Algunos autores como Lenin o Rosa Luxemburgo; consideran a las cooperativas como una forma híbrida, porque es una forma de producción socializada dentro del capitalismo; sin embargo, no dudan que tarde o temprano será absorbida o pervertida por el sistema.
Los principales precursores del cooperativismo se denominaron socialistas utópicos, socialistas por su carácter social, y utópicos porque Marx así los denominó. Tanto Marx como Engels, consideraron el cooperativismo como una buena forma de gestión socialista, pero no creían que mediante el movimiento cooperativista se fuera a llegar al socialismo. Lenin consideró las cooperativas como un instrumento de lucha de la clase obrera y como método de administrar y organizar la producción. Con el triunfo de la Revolución de Octubre se les da la posibilidad a los campesinos de organizar cooperativas agrícolas, convirtiéndose estas en uno de los soportes fundamentales de la NEP.

El concepto de economía social es algo que aún no esta perfectamente delimitado; en algunos casos se le considera Economía Solidaria, Tercer Sector, Sector no lucrativo, Sector Emergente…
Este hecho no es ni bueno ni malo, simplemente evidencia que no hay consenso y que a la vez se produce una gran variedad de posiciones teóricas al respecto, lo que muestra la gran efervescencia académica en concepciones alternativas a la definición de la economía convencional.
Lo que parece estar claro para estos teóricos, es que la definición y teorización de la economía ortodoxa camina hacia la neutralidad. La teoría económica liberal se basa, de forma casi dogmática, en que los individuos dejándose llevar por el interés individual contribuirán al beneficio para la sociedad.
Aunque los postulados de la economía social se plantean como una alternativa digna para los que quieran organizarse económicamente de forma democrática dentro del contexto capitalista, aluden a la necesidad de que el calificativo social se deba integrar a la economía en general.
No obstante, a pesar del auge teórico, José Luís Monzón, en la lección inaugural del curso de Gerente de Zaragoza (octubre de 2000) apunta que: «si no somos capaces de delimitar conceptualmente lo que son las entidades del Tercer Sector o de la Economía Social, no seremos capaces de contarlas, no seremos capaces de analizar su impacto en las políticas de empleo, no seremos capaces de evaluar su eficacia en la creación de empleo.»
En el año 1999 el Comité Consultivo de la Comisión Europea de las Cooperativas, Mutualidades, Asociaciones y Fundaciones (CMAF), alude a las siguientes características para definir a las entidades que conforman la economía social, diferenciándolas de las del resto de los sectores:
«- Primacía del hombre y del objeto social sobre el capital; a excepción de las fundaciones, todas son empresas de personas.
-Adhesión voluntaria y abierta, y control democrático por sus miembros desde la base.
-Conjunción de los miembros, usuarios y/o del interés general.
-Defensa y aplicación del principio de solidaridad y de responsabilidad.
-Autonomía de gestión e independencia de los poderes públicos.»
La agricultura familiar sostenible en Galicia e Irlanda
Este estudio consta de dos partes: una teórica; basada en un análisis de la bibliografía especializada sobre el minifundio y la agricultura familiar, y otra parte empírica que mediante un sistema de encuestas aleatorias tratan de sacar la información necesaria para comparar las experiencias de las explotaciones familiares en las cooperativas Feiraco (Galicia) y Drinagh (Irlanda).El objeto de este estudio se ubica en los siguientes puntos:
“1-Poner en evidencia los cambios sociales, económicos y culturales experimentados por las explotaciones agrarias familiares en el mundo globalizado.
2-Definir en positivo un concepto de minifundio revisado en relación con la agricultura familiar, la multifuncionalidad y el marketing rural.
3-Establecer comparaciones de estudio de casos en Galicia e Irlanda en base a las afinidades geográficas.”
De este último punto extraen conclusiones relativas al diferente proceso de modernización de las dos experiencias, mientras la irlandesa fue abordada a principios del siglo XX, la gallega no empieza su transformación hasta la década de los 50 y se potencia a partir de la entrada en la Unión Europea en 1986, trece años después que Irlanda.
Esta tardía incorporación del rural gallego, a las formulas de explotación capitalista, hacen que en día aún convivan el policultivo y el autoconsumo con una agricultura industrial. Mientras, en Irlanda se trata de recuperar un estilo de vida en consonancia con objetivos como la fijación de población al medio rural.
Una de las ideas que se desprende del texto es que la agricultura constituye una forma de vida y una expresión cultural, que se debería regir por valores como: la ecología, multifuncionalidad, equilibrio hombre-medio, sostenibilidad, desarrollo social y cultural, cooperativismo agrario postproductivo, etc. Por suerte, estos valores están cada día más en boga; escapando de la mentalidad tan perniciosa del capitalismo salvaje, que trajo graves problemas biológicos como el mal de las vacas locas, la gripe aviar y la tan popular gripe porcina; quizás debido al nivel de hacinamiento en el que se crían algunos “productos” pecuarios y de corral, que hace que sea necesario tratarlos con antibióticos y en muchos casos que se produzcan casos de canibalismo, por no hablar de la incongruencia de dar piensos animales a herbívoros, solo falta que le demos viagra para estimular la producción.
Volviendo a un tono menos conspiranoide, también se destaca el alto nivel de satisfacción que tienen las familias que participan de estas experiencias cooperativas, las diferencias del rol que desempeña la mujer en las dos regiones, la diferente implicación de los jóvenes en estos proyectos, etc. En fin, un amplio elenco de particularidades que hacen de este estudio una referencia de los que ponemos en duda el simplismo con que se nos muestra este sector.
Afortunadamente, en la actualidad, desde algunos sectores académicos se trata de impulsar el resurgir de una suerte de nuevos emprendedores (no especuladores u oportunistas) del sector agrícola que basan sus actividades en una agricultura sostenible, el ecoturismo, el agroturismo, etc. Entre otras experiencias cabe destacar la de “Granxa Familiar” que es una iniciativa del GIS-T IDEGA, que da soporte en la red a una serie de experiencias eco-agropecuarias. Tratando de divulgar en el espacio virtual a los asociados, que para serlo han de producir bajo unos estándares de calidad coherentes con los principios de este nuevo paradigma agrícola que venimos relatando. ¡Acabemos con la ingesta, consumamos calidad y sentido común!
Grupo de Investigación Socio-Territorial GIS-T (USC).
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